Coños

25/06/2012
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A propósito de mis artículos en memoria del célebre Coño de la Bernarda (que no se qué tanta vacilada era), me manda un queridolector esta referencia harto culterana: el libro titulado “Coños”, de Juan Manuel de Prada (su portada es asaz previsible).

NOTICIA PREVIA
La presentación del libro dice: “Para quienes aún entienden que la literatura y la diversión no deben andar reñidas ha escrito Juan Manuel de Prada este libro, una pieza insólita en el panorama editorial de nuestro país que, sin duda, promoverá adhesiones feroces y exabruptos no menos feroces. Entre la narración lírica y el poema en prosa, entre el disparate y la delicadeza, entre la escritura automática y la orfebrería del idioma, Coños constituye un homenaje a la mujer y a la literatura, que aspira a la celebración episódica del cuerpo femenino, a la divinización obsesiva de las mujeres a través de las palabras, y muestra al lector que la diversidad es sólo un camino hacia la unidad íntima de la mujer. Burlándose de los géneros, entremezclando lúdicamente el fragmento lírico con las memorias apócrifas, la prosa de estirpe clásica con un humor tributario de las vanguardias, Juan Manuel de Prada nos sirve, en un estilo propio, millonario de metáforas, un libro que podría adscribirse a un género nuevo o excluirse de toda adscripción.”

EXPLICACIÓN NO PEDIDA
Y el prologuista Luis Carda Jambrina añade: “Prehistoria y noticia de un libro de coños. Un breve anticipo de Coños, de Juan Manuel de Prada, fue publicado de forma casi clandestina y deliciosamente provocadora en las divertidas galeradas de Ediciones Virtuales (EE W, Salamanca, 1994). De esta curiosa edición no venal, hoy definitivamente agotada, se hicieron tres reimpresiones más a lo largo de ese año, todas ellas de cincuenta ejemplares, salvo la última, de 69, numerados y firmados por el autor. Incluía «Los anticipos del coño», «El coño de las desconocidas», «El coño de las vírgenes», «La vecina de enfrente», «El coño de la tenista», «Refutación de Henry Miller>, «El coño de las niñas», «Tascar un coño», «El coño de las viudas», «El coño de las putas» y «Coños en la morgue», con dibujos de mujeres desnudas en posturas risueñas, ingenuas o deportivas, y una llamativa portada con la imagen de Melusina. A pesar de tratarse de una edición casera y muy restringida, desde entonces ha circulado de mano en mano y de boca en boca, en original o en fotocopia, por diferentes lugares de esta y otras geografías. Reseñado en periódicos y revistas, comentado en tertulias y radios libres, glosado por entusiastas y anónimos lectores, y apreciado por poetas, escritores y especialistas en literatura erótica (Rafael Alberti, Luís García-Berlanga, Luís Alberto de Cuenca, Abelardo Linares, Gonzalo Santonja, Víctor Infantes…), Coños ha llegado a convertirse en objeto de devoción y culto entre unos pocos iniciados en los misterios gozosos del coño. Hacía falta, pues, una edición al fin completa y al alcance de todos como la que hoy nos ofrece, con su habitual pulcritud, calidad de diseño y elegancia, VALDEMAR. En ella encontrará el lector de cualquier sexo ese libro que tanto deseaba y nunca se atrevió a imaginar. Libro sin precedentes en la literatura española, Coños fue concebido por su autor, en un principio, como un homenaje a Ramón Gómez de la Serna, autor, como se sabe, de unos célebres Senos (Imprenta Latina, 1917). Poco tienen que ver, sin embargo, estos Coños con aquellos Senos, salvo su pertenencia al mismo campo semántico, su espíritu lúdico y su carácter monográfico. Según ha precisado, en este sentido, el escritor Juan Bonilla, el libro de Juan Manuel de Prada «es algo más que un homenaje a Ramón Gómez de la Serna: es un homenaje a la literatura y otro a las mujeres, dos de las cosas que siguen haciendo apetecible este ejercicio de vivir». Pero Coños no es un libro escrito sólo para hombres. Tampoco es, claro está, un espejo de mujeres. Ni un manual de educación sexual. Ni un prontuario de ginecología. Ni, mucho menos, un simple opúsculo pornográfico. A pesar de su título, estos Coños no tienen género conocido. La única etiqueta que les cuadra es la de libro insólito, no tanto por el tema como por el modo de tratarlo, a mitad de camino entre lo narrativo y lo lírico, el cuento y la poesía, con la brevedad y el matiz, la variedad y el esmero que siempre exige materia tan sagrada.”

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